Publicado en "Cuento"

En la génesis de la Abya Yala y entre la manigua de los Andes caucanos, el Jaguar rugió. Rugió para el viento, y en su sonar, puso a volar historias sobre el Cañón que se forma entre las majestuosas montañas del bajo Río Cauca.

Por: Bore, Borojo y Pitahaya - Movimiento Campo y Vida  - MOCAVI
A través de sus resueltos pasos y extensas caminatas por bosques tropicales, el Jaguar conoció a los pueblos que desde estos tiempos ancestrales, se han andado la vida, en el hacer de sus oficios. El felino atento, cazó con estas gentes a hermanosanimales de monte como la rata espinosa; navegó con ellos, pescando bagres rayados, bocachicos, doradas y pacoras, que en contra de las corrientes, siguen su rumbo aguas arriba; también, se sorprendió al aprehender la habilidad de las mujeres que barequean el oro, que desde el sur de los Andes, es arrastrado por aguas y sedimentos del poderoso río Cauca.
Rugidos de sorpresa exclamó, al darse cuenta que la libertad de los pueblos del agua, es dada por el río, el bosque y la montaña. Que sus gentes -las cañoneras- nadando, balseando y paleando, resuelven su existencia. El Jaguar, había entonces, husmeado entre secretos que jamás imaginó. Los vientos, alertados pero tranquilos por el rugir del Jaguar, empezaron a resoplar en la dirección del agua, los secretos del Cañón. Los pueblos anfibios que habitaban las aguas bajas del río, compartieron la fuerza de las gentes cañoneras, y aprovechando el vuelo de las aves que desde las planicies migran hacia las cordilleras, enviaron a sus hermanos riberos, abrazos de solidaridad.
Es así, como desde tiempos inmemoriales, las gentes del Cañón han sido conocidas por su serenidad y profunda sapiencia. Como sus hermanos riberos, la cañonera sabe que todo está en equilibrio al escuchar las sonoridades del bosque, que de eco en eco, van tejiendo vida entre las montañas; sonoridades, que se expresan desde las gargantas de los monos nocturnos y capuchinos, de la guacamaya militar y los millares de abejas, que en su oficio polinizador, han permitido a las guardianas de semillas, ayudar a parir de la tierra la labranza con las que se han alimentado por cientos de años los hijos anfibios de estas gentes de río.
Susurran los vientos de La Magdalena, conocidos como La Nevada, Morales, La Sierra y Bajero, que las cañoneras manejan con maestría el aire, el agua, el fuego y la tierra: El aire porque lo escuchan y lo sienten en cada milímetro del cuerpo. El agua porque la tienen fluyendo en sus seres y se conectan con ella en el balseo por el Cauca. El fuego porque las ha movido y permitido sobrevivir a los rigores de la guerra. La tierra porque les ha dado la vida, el alimento y la existencia.
Son armónicas en el Cañón, se esconden y se comunican, aparecen y desaparecen, son sombra y son luz, son seres mágicos que han enfrentado todo tipo de conflictos y han sabido librar cientos de batallas. Hoy, sobreviven a la modernidad impuesta, al desarrollo avasallador, a la impunidad y mentiras, a la avaricia y codicia de algunas, así como a la indolencia y egoísmo de otras. Persisten y resisten colectivamente en su Cañón, junto al Patrón Mono, peces, picos de hachas, osos, borugos, guacamayas, aves, y todos los hermanos que habitan el bosque. Sobreviven junto al agüita y a todas las relaciones tejidas en sus territorios. Insisten desde el afecto, al reclamar de sus derechos con vehemencia, paciencia y dignidad.
Se niegan a caer en el olvido y ante la mirada elitista, sus fuegos ardientes y miradas brillantes han de renacer porque tienen la certeza de que el gran Jaguar, los vientos, las aguas y las montañas, en su complicidad, jamás van a desamparar su libertad anfibia.

Dibujo Pitahaya

"Toro y Condor" Guayasamín
De las herencias[i]

10.000 millones de años después del amanecer de la humanidad. Año 1439 en el calendario gregoriano, 4.553 de la cuarta era de la gran cuenta larga. Icha Siguasinza, mujer muisca, se despierta 1 hora antes del crepúsculo a moler maíz para la comida del trabajo. El territorio es suyo, les ha costado muchas guerras. Los frutos de la tierra son de todos, todas, las semillas son infinitas como el conocimiento ancestral. Somos seres del maíz, dicen, y hay tantos maíces como seres en la tierra. El hambre es excepción de guerras y sequías.


Por Banano Bocadillo, Colectivo Agrario Abya Yala


Dos amigos se encuentran en una tienda del Pueblo.


Campesino 1: Ole compadre.
Campesino 2: Ole compadre gástese una pola.
Campesino 1: Doña Etelbina me da dos paceñas por favor. Gracias.
Campesino 2: Y qué ha pasado ala.
Campesino 1: Nada todo lo mismo y ¿qué va a votar por el dichoso plebiscito ese?
Campesino 2: No sea pendejo, para que nos dejen viendo un chispero… noooo, yo después de los constantes incumplimientos del gobierno en el paro campesino no creo en nadie.
Campesino 2: Claro, ¡jahh! Creen que van hacer la paz a costillas de los pobres, de las víctimas, de más impuestos, de la impunidad…

Cada quien toma su cerveza y se da un momento de silencio en medio de las resentidas expresiones. En la mesa de al lado hay un hombre relativamente joven, muy bien presentado, tomándose una soda, quien de repente interviene.

Pacifico: Buenos días, disculpen, no pude evitar escuchar su charla y pues con su permiso me gustaría contarles algo ¿no sé si les molesta?
Los dos campesinos se miran y de manera dudosa dan su aprobación.

Pacifico: Mi nombre es Gustavo, mi familia es del pueblo y yo también nací aquí, pero por distintas circunstancias he vivido fuera por mucho tiempo.
- Soy huérfano de padre por una toma guerrillera en 1990 en el Putumayo, para entonces el viejo era Teniente en ese departamento. Mi madre afrontó las riendas del hogar y a pesar de vivir bien con la pensión de papa, nada en casa volvió a ser igual.
- Quien vino a “ser” nuestro padre fue nuestro tío materno que ejerció como diputado departamental ¿no sé si lo recuerdan le decían “El Mono Orjuela”?
Campesino 2: Sí claro el Monito, que en paz descanse…
- Vea pues, familiar del Monito, humm
Pacifico: - Si… -por un segundo sonríe y mueve la cabeza diciendo no- Luego de la muerte del tío salimos del departamento y hoy queremos volver, llenos de sueños y ganas de trabajar.
- Por esto, les quería decir que sé de los incumplimientos del Estado, del odio y del resentimiento, pero a pesar de ello, para mis hijos y por el mundo quiero hacer el intento de vivir en un país en paz.
- No los molesto más señores, me agradó charlar con ustedes y espero nos volvamos a ver pronto.
Campesino 1: Bien pueda señor, que tenga buen día.
Pacifico: Gracias, lo mismo.

Se miran de manera pensativa los campesinos.

Gustavo termina su último sorbo de soda, se levanta de la silla y sale caminando de forma lenta y cadenciosa, característico en una persona con prótesis de mina antipersonal.

Por Frísol 
 
"Por eso los muiscas y las muiscas aprendimos que no se deben alimentar lo egos así estos brillen como el oro. También sabemos l@s muiscas que no estamos solos aún en la más asidua de las noches, pues unos ojos parpadeantes nos amparan desde la altura. Y sabemos l@s muiscas que la justicia, esa de a cada quién según lo de cada cual, estará a favor de los hombres y mujeres libres mientras la Luna, impetuosa y resuelta, siga haciendo su danza por el ancho cielo."
 
 

Por Frísol

Entonces nosotros los muiscas, caminantes de los andes, paisanos de cóndores y ranas, comprendimos que no eran tres las semillas, sino una, una sola semilla de todos los colores. En la milpa se encuentran todas las semillas o la semilla de todos los colores, haciéndose cada vez más abundante y generosa, conforme los hombres y mujeres de los distintos colores y alturas las fueron sembrando en las tierras negras, en las tierras amarillas, en las tierras rojas y hasta en las aguas. Fríjoles y hombres naranjas, maíces y mujeres rojas, ahuyamas y otros seres amarillos fueron saliendo de allí. De esa unidad diversa aprendimos los muiscas, de esa unidad diversa sobrevivimos. Caminando, sembrando y comiendo la milpa nuestros pueblos se hicieron grandes, se hicieron dignos. Por eso, cada vez que un muisca o una muisca siembra la Milpa, se siembra a sí misma, a su familia, a su pueblo.

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